-¡Cállate, no seas curiosa! – regañó nuevamente Dora.
-No se preocupe Dora – pidió Débora – todo el mundo ya lo sabe, trabajé, pero sólo de camarera…, y te digo que ese lugar es sucio y muy oscuro. No te gustaría para nada Malena – aclaró con una sonrisa.
-Entonces el señor la sacó de allí, se enamoró de usted…, y se casaron. Que romántico… - Añadió Carol, la más joven y soñadora de las criadas. – Es como esa película que…
-Mejor cállate, Carol – La riñó esta vez Remedios.
-Si…, el señor me sac