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Daniel la ayudó a levantarse y la condujo a la habitación. O lo que podía llamarse así, ya que sólo contenía un catre de madera, un par de mesitas de noche y una silla, retiró el cobertor de la cama, se sentó en ella y empezó a quitarse las pesadas botas. Débora permanecía en pie sin moverse…

-Siento no poder ofrecerte nada más, mis huesos ya no están para dormir en el suelo y no voy a pedirte a ti que lo hagas, así que tendremos que compartirla…

-Dormiré en el suelo si me da una manta, he do
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