La muchacha, desorientada también por las circunstancias y sin saber que hacer quedó parada en medio de la estancia, observó con interés la cabaña, pero lo que vio no era demasiado alentador. Una sala pobremente amueblada: únicamente con una mesa y algunas sillas, al frente tras una barra de madera lo que parecía una cocina, pero compuesta por unos pocos armarios de suelo, un fregadero y un par de fogones. En la pared colgaban diversos utensilios básicos: una olla no demasiado grande, un cazo