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No todos recibieron con el mismo agrado la noticia de que Débora y los niños ya no estaban. Lisbeth, Margaret y Rebeca estaban contentísimas. La primera sólo por fastidiar, la segunda porque no perdía las esperanzas de conquistar a su vecino, y la tercera porque odiaba a esa mosquita muerta que le había quitado la posibilidad de volver a estar con su marido y le deseaba lo peor, tanto a ella como a Daniel, no entraba en sus planes ver que se la pasaban felices y contentos. Si ella no gozaba a
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