Débora no recordaba haber visto nunca a un hombre sacarse la camisa y los pantalones a tanta velocidad. Daniel se tumbó a su lado y empezó a desabrocharle los botones del vestido. Débora intentó impedirlo asiendo su mano:
-Daniel, cierra las cortinas, debo estar horrible, aún doy el pecho y acabo de ser madre…
-Psss, no lo digas mi vida, no digas nunca más eso, estás preciosa, me hiciste el regalo más grande que se puede hacer a un hombre y eso no puede afearte nunca – murmuró acariciando uno d