Las tres mujeres llegaron juntas, riendo y hablando entre ellas como si nunca hubieran roto un plato. Sin decir nada se sentaron en los butacones que había enfrente de la chimenea.
-¿Te vas a ofender si nos servimos una copa? – preguntó irónicamente Lisbeth – Creo que ya es pasado el mediodía ¿Verdad hermanito gruñón? – insinuó recordando que su hermano, durante la primera entrevista que tuvieron le había negado una copa alegando que era demasiado pronto. Y sin esperar respuesta se dirigió al