Escuchar que Débora consideraba ya al rancho como su casa fue un enorme alivio para Daniel, lo que hizo que se reafirmara más si cabe en el acierto de la decisión que había tomado y en las intenciones que tenía con la muchacha y que no eran precisamente pasar por ahí, se lo dijo sin ningún tapujo…
-Mi único deseo para las próximas veinticuatro horas es amarte hasta que sacie la sed que tengo de ti – insinuó mientras abría la puerta de la habitación del hotel.
-Daniel, ni yo mismo puedo soportar