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Adrien meneó la cabeza y bufó. Los clientes desesperados le ponían de los nervios. ¿Qué acaso no entendían que la justicia tiene su propia velocidad?

-Tranquilo Sr. Savater – repuso el abogado – después del uno viene el dos….

-Ya se contar Sr. Morman – respondió Daniel enojado, empezaba a caerle mal ese individuo, no era tiempo de ponerse sarcástico – mi esposa está embarazada.

-Savater, mejor que me deje hablar a mi cuando entremos, le repito que es necesario que no la llame su esposa, y por l
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