A Rebeca la noticia no le cayó ni bien ni mal, navegaba entre dos aguas, no había llegado a un mal acuerdo con su marido, todo lo contrario, con el divorcio se llevaría un buen pico, una mansión y una pensión de por vida, tendría dinero y libertad. La Rebeca de cuatro años atrás no habría dudado. Pero algo había cambiado en ella durante ese tiempo, se cansó de pasar de mano en mano, a cuál peor. Además, ya no era una jovencita, había cumplido treinta y cinco años, no le apetecía demasiado salir