Helen maldijo interiormente a su primera nuera, ella era la culpable de todo, la culpable de haber desgraciado la vida de su hijo hasta el punto de convertirlo en un hombre desesperado, un hombre capaz de renunciar a la felicidad y negarse a amar. Escuchaba sin interrumpir la narración de su hijo que seguía en su monólogo descargando y abriendo por primera vez su corazón a su madre:
Así pues en lugar de descubrirla como impostora, sucedió todo lo contrario, Débora fue entrando poco a poco en n