A pesar de su terca negativa la madre no desistió y finalmente logró convencer a Daniel para que saliera un ratito del hospital. Ciertamente necesitaba reponer fuerzas y comer, no sabían cuánto demoraría Débora en recuperarse, si es que salía algún día del coma. Así que obedeció, abandonó la habitación con el corazón en un puño, no sin antes repetirle a su madre hasta la saciedad que lo llamara sin falta en caso de producirse algún cambio.
Desoyendo los consejos de Helen de que se lo tomara c