Se refugió en su despacho. Desde allí oyó bajar a su hermana, iba cantando, parecía de buen humor, se alegró por ella, y por él. Ojalá fuera un buen augurio. Ambos tenían una conversación pendiente y dado que últimamente sus encuentros habían terminado siempre en riña mejor encontrarla contenta. La llamó, ella hizo como si no lo oyera…, vaya, pues no estaba de tan buen humor, no le quedó más remedio que salir de detrás de su escritorio y enfrentarla….
-Lisbeth, ¿No oyes que te estoy llamando? –