No podía apartar las dudas de su cabeza, nada de lo que le explicaban tenía demasiado sentido, si una persona se cae por las escaleras no se golpea en el labio. Vaya, al menos eso creía… Miró encima de su mesa, los papeles se le acumulaban así que se enfrascó en su trabajo. Oyó que Débora bajaba con su hijo y vio que se dirigían a la biblioteca, allí ya los estaba esperando la profesora. Los dejó trabajar y esperó al mediodía para comer con ellos. Le había pedido a José que sirvieran el almue