Un mes después...
Franco compró una rosa roja y corrió por toda la calle con una sonrisa en la cara. Llegó al complejo con la flor en la mano y una pequeña bolsa rosada; al abrir la puerta, fue recibido con euforia, abrazos y besos por parte de Daniela y Ashley.
—¿Y esto? —inquirió su novia cuando él le dio la rosa.
—Un detalle. —Él se sonrojó.
—Eres tan lindo —dijo ella conmovida.
—¡Qué bella muñeca! —exclamó Ashley, cuando abrió la bolsa que él le pasó, y se le lanzó encima—. Gracias, papi. —