Franco bebió un poco de vino y respiró profundo, puesto que se sentía acorralado con la mirada de todos ellos puesta en él.
—Franco trabaja en el mismo colegio que yo —respondió Daniela en su lugar.
—¡No me digas que es maestro! —espetó Antuán con sorna. Su tono se escuchó de una manera tan venenosa, que pareció que se estuviera mofando de él.
Daniela lo miró con ganas de golpearlo, pero relajó el semblante para disimular su disgusto y no caer en su tonto juego.
—No es maestro —aclaró—. Franco