Usted me cautiva.
En el camino, Valentina toma su mochila y le muestra todas las actividades en sus cuadernos de textos. El hombre se enorgullece por lo inteligente y lista que es, solo dieces y notitas de excelencia, gracias a Beatrice, así que le da una mirada por el retrovisor, agradecido.
Ella no puede descifrar esa mirada, su ánimo es tenso. Ya no le gusta el hecho de que este trato sea solo de palabra, por amabilidad, sería mejor que hubiera un contrato de por medio aunque eso… sin duda es como hacerle sentir que su hija es una transacción.
—Beatrice —la llama, y ella reacciona, escuchando cómo todos los demás autos pasan por su lado tocando corneta puesto que se detuvo en luz verde. Raúl la mira, preocupado—. Si quiere, puedo manejar…
—Tiene chofer por una razón, ¿no? —espeta, con molestia contenida—. Si es un mal conductor no quiero causarle más problemas. Yo no necesito más problemas.
El hombre se calla, haciéndole una mueca a su hija. La niña ríe pero Raúl finge sonreír.
Será difícil manejar