Narrador
En las afueras de la ciudad, en una casa modesta pero acogedora, lo suficiente para una estancia tranquila, William se sienta en una silla del salón principal. Con un vaso en la mano, su mirada se pierde a través de la ventana, reflejando un aburrimiento profundo.
—¡Maria! ¡Maria! —grita impaciente, con un tono cargado de irritación.
El sonido de los tacones de la mujer resuena en el suelo de madera, anunciando su llegada. Finalmente aparece en la habitación, con una expresión cansada