Ariadna Thompson.
Sin pedir permiso, ya familiarizado con cada rincón de este baño, entro en la ducha, dejando que el agua lave los restos de la noche anterior. Lo curioso es que, entre todos los aromas que quedan, no hay ninguno que sugiera sexo. Una oleada de confusión me invade—no sé si sentirme aliviada o decepcionada.
¿No pasó nada?
La única pista es mi cuerpo desnudo en su cama, pero no puedo estar seguro de qué ocurrió realmente. La duda me carcome. Si hay una forma de saberlo, sería