NARRADOR
Jordano salió del ascensor y le dio un beso fugaz a Ariadna antes de correr hacia la sala de juntas. En ese momento, Evangeline salió de su cubículo y miró a Ariadna, chasqueando los dedos.
—¡Eh! Loco, cierra la boca o la baba le cae por todo el jefe.—
Ariadna se sonrojó y miró a su hermana.
—¿Soy tan obvio?—
—Esa no es la palabra. Prácticamente estás arrastrándote. Por cierto, el jefe siempre es el último en llegar a la sala de juntas. Hay muchísima gente ahí dentro; No me había dado cuenta de que tanta gente pertenecía a una conferencia tan prestigiosa.—
—Es culpa mía. No quería llegar tarde—, respondió Ariadna, recordando lo que acababan de hacer en el restaurante, sonrojándose aún más.
—Parece que va a ser una reunión larga. Está el padre de Jordano, la rubia de Alexandra, dos hombres más y una mujer que nunca he visto antes.—
—¿Qué mujer?— preguntó Ariadna, curiosa. Quizá era la madre de Jordano.
—Una mujer de unos cuarenta años, increíblemente hermosa. Se llama Margare