Ariadna Thompson
Llego a la oficina de Jordano en el imponente edificio Mackenzie, aunque ya ni siquiera recuerdo su nombre; no significa nada para mí ahora. Todos han sido unos completos indeseables: desde el padre de Jordano hasta su escuálida accionista Alexandra, y esa estúpida vieja Margaret. ¿Quiénes se creen todos que son?
Cruzo el umbral, sintiendo mi corazón latir con fuerza en mi pecho. Han pasado días desde la última vez que vine aquí y todavía no sé si soy bienvenida. El ascensor se