En algún sitio del mundo.
Fidel caminaba de un lado a otro por su reluciente oficina, parecían una fiera enjaulada, al saber que había secuestrado a la hija del gran amor de su vida. De pronto la puerta se abrió, y frente a él, su hombre de confianza apareció.
—Señor, ya sé quiénes se llevaron a la niña —informó con la voz temblorosa.
Fidel golpeó con sus puños el escritorio.
—¿Quién fue? —bramó enfurecido.
—La enfermera nos traicionó, señor, ella actuó por su cuenta, con otro sujeto,