Minutos más tarde.
Las manos de Óscar se aferraban con fuerza al volante de su Bugatti, mientras su corazón latía acelerado, sus ojos color miel vigilaban atento, como si de la mirada de un halcón, se tratase, el oscuro camino por el que transitaba, combinado con una densa neblina que había desde que uso la desviación hacia la ruta de la Sierra de Ixtlán, Oaxaca.
Guiado por aquella voz, en su mente seguía atento las indicaciones de su abuela. Tuvo que disminuir su velocidad al encontrarse con