Sam llegó deshecha a su apartamento. Carlos Gabriel la ayudó a ingresar, entonces una punzada sintió el corazón de la joven al ingresar a la estancia y no escuchar las risas de su niña, su rostro se empapó de lágrimas, y más cuando miró que había dejado una de sus muñecas en el sofá, de inmediato se aproximó a la sala, tomó el objeto y lo abrazó a su pecho.
—Mi muñequita —susurró gimoteando, entonces recordó quién la salvó a ella cuando estuvo secuestrada a manos de Franco—. Doña Ofe no la des