Caminaron despacio hasta asomarse hacia el interior de la cocina. Sus ojos se abrieron de par en par al ver como las puertas se abrían y cerraban para luego salir lanzados algunos trastes.
—¿Qué demonios está pasando? —el hombre dijo con miedo.
—No lo sé —Teresita habló y luego en su mirada se reflejó como se encendían las hornillas de la estufa y las llaves del agua—. Este lugar está embrujado —mencionó aterrorizada—, tenemos que irnos de aquí —solicitó.
Aquel tipo negó con la cabeza.
—No p