Sam parpadeó varias veces, pasó la saliva con dificultad, su corazón se disparó dentro de su pecho al escuchar hablar a su esposo, entonces colocó su mano en el hombro de su marido.
—No vale la pena discutir con la señora —susurró bajo, inclinando su mirada con vergüenza ante él, tomó una gran bocanada de aire para dirigirse a su abuela—. Ya escuchaste a mi marido, no tienes nada que hacer aquí abuela, es mejor que te vayas y nos dejes tranquilos. —La joven caminó en dirección a la puerta.
—¿L