Una cálida luz apareció en el hogar.
—¿Acaso escuché que alguien dijo preciosa abuela, amor de mis amores, te necesitamos? —refirió con una cálida sonrisa. —¿Qué necesitas, mi preciosa muñeca? —indagó.
Norita arrugó el ceño y cruzó sus brazos con molestia.
—No te diré nada de eso, porque mentiste —reclamó—, dijiste que Angelito volvería, que lo esperara, y no va a regresar, te lo quieres llevar contigo —expuso sollozando—, la tía Gaby se va a poner muy triste, no te vayas con él al cielo, dé