Al llegar a su cama se acercó a su esposa y le dio un beso en la mejilla.
—Bella durmiente, mi abuela vino a visitarnos —expresó.
Sam no puso atención, estaba aún adormecida, giró y cubrió su rostro.
—Déjame dormir otro ratito —solicitó—, dile a esa señora que vuelva más tarde —refirió y cerró sus ojos de nuevo.
—No creo que mi abuela pueda regresar más tarde —rio divertido.
Aquellas palabras retumbaron en la cabeza de Sam.
—¡Tu abuela! —exclamó. —¿Está aquí? —cuestionó con extrañeza.
—Sí, voy