Días después.
Óscar conducía por las calles de la ciudad en compañía de Norita y con Sam, cada que el semáforo cambiaba a rojo giraba para ver a su pequeña y le sonreía de manera misteriosa. Esperaba con ansias llegar a su destino, tomó de la mano a su esposa y la besó con cariño.
—Les agradezco que me acompañen a esta cita, prometo que no tardaremos, y luego las invito a desayunar. —Guiñó un ojo a su pequeña y le sonrió.
Sam observó por el rabillo del ojo que padre e hija se miraban con compli