Horas más tarde cuando Samantha y Óscar dormían en su suite, fuertes jadeos, gemidos, palabras de amor, suplicas, se escucharon en el otro lado de la pared.
Sam arrugó el ceño, parpadeó un par de veces, y se quedó en silencio, intentando darse cuenta de dónde provenía aquel escándalo, y cuando se despabiló notó que provenían de la suite presidencial, y se llevó la mano a la frente.
«Alex y Lolita» pensó, sonrió, y negó con la cabeza, se cubrió con una almohada, para no escuchar.
Óscar gir