Angelito miró hacia la cama.
—¡Santa cachucha! —exclamó reflejando en su mirada el fuego. —¿Qué hacemos? —indagó asustado.
Norita agitó sus manos, espantada.
—Me van a castigar —expresó con miedo.
—Desátenme —dijo Emma—, hay que tirar agua encima, pero ustedes son pequeños, se van a quemar.
—Ya sé vamos a hablarle a la abuela. —Miró a Norita—, ella puede soplar como el lobo de la caperuza y apagarlo —sugirió mientras se acercaba a Emma para intentar soltarla.
—Sí, solo la abuela nos puede sal