Manizales - Colombia.
Francisco Mondragón acompañado de sus escoltas ingresó al restaurante en el cual sostendría una cita importante. El lugar había sido reservado solo para ellos, y que de esa forma nadie pudiera escuchar, ni interferir en aquella charla.
El expresidente tomó asiento en una elegante y confortable silla de cuero negro, tallada a mano, colocó sus manos sobre la reluciente madera de la mesa, y miró con impaciencia su reloj.
Uno de los meseros dejó las copas con agua mineral, y