Samantha arrugó el ceño, confundida, y entonces se puso de pie y siguió a su esposo.
—¿Qué sucede? —cuestionó—, te noto extraño —Miró a los ojos a Óscar.
—Como te dije hace un momento, ese sujeto no me da buena espina. Pienso que no es buena idea que hagas negocios con él —expresó con seriedad.
Samantha observó a los ojos a su esposo, inhaló profundo.
—Pero él solo vino a esta ciudad por eso —explicó—, no puedo hacerme para atrás de un momento a otro —mencionó. —¿Por qué no te agrada? —c