Al día siguiente un reguero de prendas de vestir reposaba sobre la cama de Samantha, la joven frunció el ceño al darse cuenta de que sus jeans favoritos ya no se le cerraban. Se miró frente al espejo y acarició con ternura su pequeño vientre, que día a día iba creciendo.
Entonces escogió unos leggins negros, una blusa de mezclilla celeste, y sus botas bajas del mismo color de los pantalones, cepilló su larga cabellera castaña, y recordó las palabras de Fidel, entonces se sentó en la cama y lla