Ha pasado todo un año desde ese día tan convulso en el que Harry me pidió matrimonio, bueno, matrimonio de verdad, no por contrato.
Hay días en los que miro hacia atrás y me sorprendo de lo mucho que pueden cambiar las cosas de la noche a la mañana y, sobre todo, lo mucho que pueden llegar a cambiar las personas por amor.
Harry no es para nada el chico orgulloso que conocí aquel día en el pasillo de la facultad y, mucho menos, el conocido millonario mujeriego que solo está con las mujeres una