Alessandro
Llego a la casa hecho una furia y aunque noto que el auto de Lorenzo no se encuentra en la entrada, no puedo evitar mirar a una curiosa Rosa a los ojos, que parece sorprendida de mi arrebato, antes de preguntar:
—¿Valeria ya llegó?
Entonces veo cómo el ceño de la mujer se frunce al escucharme, antes de que lentamente se despeje una pequeña sonrisa que no me gusta para nada, se forma en sus labios.
—La niña Valeria salió con usted esta mañana, pensé que llegarían juntos.
El gruñido eno