Valeria
Veo como la señora Rossa mira con desagrado toda la ropa que hay en la pequeña maleta que traje conmigo cuándo me mudé.
No entiendo qué es lo que está buscando exactamente, pero puedo deducir por sus expresiones que no se siente satisfecha con lo que ve.
—¿Pasa algo, señora Rosa? ¿Necesita que ayude en algo?—me atrevo a preguntar y la mujer finalmente me mira, antes de darme una sonrisa tan cálida que hace que se me encoja el corazón.
—Oh, no niña, tranquila. No es nada que no tenga sol