Movía mi pierna ligeramente nerviosa mientras esperaba a que Alexander terminara de leer el contrato.
—Entonces, haces esto para proteger Joy Green.
—En parte. — Admití. —No quiero que se le venda a alguien que no lo cuide o que al principio diga que lo hará, pero luego se aproveche y venda las tierras. Quiero decir, el dinero mueve al mundo. — Alexander dejó el papel a un lado y luego me pidió que tomara asiento en el pequeño sofá que estaba a una distancia considerable de mi cama, lugar donde