En ese momento, no sabía si quería que nos alcanzara o que el carruaje lo dejara atrás, lo cual era casi imposible. Las lágrimas caían por mis mejillas mientras observaba. En ese momento, muchas cosas empezaron a tener sentido. Su velocidad, su fuerza, su olfato y su oído avanzados. Una vez me dijo que me encontraba con mi olor, y a veces decía que mi olor era demasiado fuerte. Sacudí la cabeza. Sus ojos que se oscurecen cuando está furioso, su ira y su tamaño.
¿Cómo se me habían escapado todos