La puerta se abrió de un empujón y Morfeo entró con una bandeja de comida. Me sorprendió verlo de nuevo. Una parte de mí se alegró de que viniera a buscarme, pero la otra se sintió dolida por la forma en la que me trató. Confiaba en él.
"¿Morfeo?".
"Tienes que comerte esta avena para que se te pase la resaca", dijo, ignorando la cara de sorpresa que puse.
Fue entonces cuando recordé todo lo que había pasado la noche anterior. Lo recordé luchando por mí. Decía que no le importaba, pero siempre