Laika
Subimos la montaña sin mediar palabra. Los únicos sonidos que se oían eran nuestros pasos y el rasguño de las armas. No sabía qué pensaba Karim, pero sabía que estaba de mal humor. Su humor era tan sombrío que ni siquiera el sol parecía brillar lo suficiente.
Hacía horas que habíamos dejado la manada de Titanes y caminábamos. Todos sus guerreros iban detrás de nosotros, silenciosos también. No sé a dónde íbamos ni dónde nos estableceríamos, pero sabía que Alfa Karim querría que fuéramos