Llovía, no era muy común que pasara en esa temporada, pero estaba lloviendo, las gotas caían en la ventana mientras que nuestra respiración la empañaba. Estábamos frente a frente, abrazando nuestras propias piernas, mirándonos de una manera inexplicable.
—Creo que exageras —susurré tratando de convencerme a mí misma—. Tienes muchas posibilidades de vida —sonrió con tristeza.
—Tal vez, pero eso no quita que pueda morir mientras duermo.
—No digas eso —una lágrima se deslizó por mi mejilla.
—Es me