Capítulo 36. |Un comienzo|
El sudor se deslizó por la espalda de Emma, gimoteó cuando Max la levantó y la puso contra el vidrio de la ventana de la sala, la embistió de manera impecable, él tenía sus manos en su trasero y sus dedos se incrustaron en su piel, el lugar se había llenado de jadeos, gemidos y gruñidos, estos últimos de parte de Max; No habían dejado de tocarse desde que empezaron la primera vez, habían pasado un par de horas y ambos parecían no saciarse aún del uno y del otro.
Habían tenido sexo en la sala,