El vuelo transcurrió en un silencio tenso para Eva. Cada ruido, cada movimiento de los pasajeros a su alrededor, la mantenía al borde del pánico. Pero, por suerte, nadie parecía prestarle atención. Era solo una más entre los viajeros que se dirigían a Nueva York.
Cuando el avión aterrizó, Eva sintió un alivio momentáneo. Se levantó rápidamente, agarrando su bolso con fuerza mientras esperaba para desembarcar. El aeropuerto JFK estaba lleno de vida, con personas moviéndose en todas direcciones,