Mientras se dirigían hacia la limusina que los llevaría a la mansión, Valeria sintió la presión de las expectativas y la presión del nuevo entorno. Alejandro, a su lado, hablaba de la mansión y de las maravillas que ofrecía, pero Valeria se centró en mantener la calma y en prepararse mentalmente para lo que estaba por venir. Su corazón latía con fuerza, pero su determinación de hacer bien en la campaña le daba la fuerza para seguir adelante.
La mansión de Alejandro se perfilaba en el horizonte