La joven quiere hacer una confesión, pero el hombre impaciente no la deja que termine de expresar lo que tiene que decir.
— ¡Qué! ¿Cómo qué no estás embarazada? —Le interrumpió asombrado y un tanto molesto por haber sido engañado.
— Déjame terminar. No estoy embarazada de…
— ¿No estás embarazada de mí? Entonces, ¿quién es el padre de los niños?
— ¡Marco! —Grita, con impaciencia— por favor déjame terminar y cierra tu boca de una vez por todas. No estoy embarazada de quintillizos…
— No me digas