Naomi.
Estaba en la oficina de Silvana contando los paquetes de droga para guardarlos en unas cajas, ¿quién lo diría?
—Nunca imaginé que haría cosas ilegales como esta —hablé, rompiendo el silencio.
—¿Contar droga? —Se mofó—. Es lo más básico que puedes hacer.
Su cabello rubio estaba atado en una coleta y mascaba un chicle. Inhalé hondo, no podía dejar de pensar en lo que pasó con Malena.
Ella no se creyó lo que le dije.
—Oye, Silvana… —recordé que ella escuchó mi conversación con Silas—. ¿