LEILA
A medida que pasan los minutos, mi mente vuelve a divagar sobre ese hombre misterioso y la empresa que pagó mi deuda. Decido investigar por mi cuenta, aunque sea un poco, solo para tratar de conseguir una pista. Cuando Nelly se va a su habitación, me dirijo a la mía y saco mi teléfono celular del bolso para empezar a buscar información sobre la compañía en Internet. Encuentro su página web y navego por ella, leyendo sobre sus servicios y proyectos.
De repente, una foto en la sección de “e