El tiempo pasó rápidamente, y Vanessa se encontraba en los últimos meses de su embarazo. Su vientre redondeado era el testimonio del amor entre ella y Alexandro, quien estaba completamente cautivado, pero también al borde de la locura con sus cambios de humor y antojos impredecibles.
—Montenegro, necesito helado de pistacho con papas fritas —exigió ella, mientras se acomodaba en el sofá con Nico echado a su lado.
Alexandro, que acababa de llegar del trabajo, la miró con una mezcla de ternura y