Adeline se puso de pie, observando a la pareja acercarse con una expresión vacía que ocultaba el torbellino de desprecio en su interior. Sin dedicarles un saludo, le dijo a la pequeña: —Valentina, la tía se va. Pórtate bien.
Damian se detuvo justo en medio del camino, bloqueando el paso de Adeline con su imponente figura. Ella lo miró con una frialdad cortante, exigiéndole con la mirada que se hiciera a un lado para dejarla pasar.
—¿Dónde es tu cena de negocios exactamente? —preguntó él de repen