Los ojos de Damian se entrecerraron levemente, como los de un depredador que detecta una amenaza, mientras observaba la innegable química profesional entre Adeline y Sebastian. La sonrisa de Sienna se endureció por un instante, una grieta en su máscara de porcelana, antes de volver a fingir esa dulzura empalagosa que tanto practicaba.
—Mi hermana no ha hecho ningún trabajo de diseño serio desde que se graduó —soltó Sienna con una condescendencia que pretendía humillar a Adeline ante el prestigio